← Writing/Journalism · April 2026

La Época Mejor Que Podría Imaginar

SPA623, Phillips Academy

A Spanish-language profile of a Burmese-Canadian historian and hockey coach who switched from pre-med to history, cannot return to Myanmar, and calls this the best chapter of her life.

Cuando la Dra. Smith entró a su clase de primer grado en Toronto, no podía encontrar su nombre. Las etiquetas estaban escritas en inglés, pero ella había nacido en Myanmar; por eso no reconocía la ortografía. Se quedó parada allí, mirando las letras, incapaz de identificar las que se suponía que eran para ella. En ese momento, ella era casi invisible; fue su primera lección de ser forastera en un lugar que se convertiría en su hogar. Hoy en día, la Dra. Smith es una profesora y entrenadora de hockey en Phillips Academy Andover. Su historia es la de una mujer que tomó su tiempo para llegar a ser quien es hoy y alguien que no tiene remordimientos por eso.

Toronto: La ciudad en la ventana La Dra. Smith había crecido en un apartamento con vista a la Torre CN. Desde su ventana, ella podía ver el horizonte entero de Toronto, y esa vista le enseñó algo temprano: el mundo era grande, rápido y lleno de posibilidades. Como hija única, aprendió a disfrutar la soledad. Ella leía constantemente. Jugaba sola con su cocinita y sus Barbies. Nadaba. Inventaba cuentos en su mente. “Nunca me sentí sola”, ella recuerda, “dado que estaba pensando constantemente en los cuentos que leía o en las preguntas que yo pensaba.” Sin embargo, crecer como inmigrante birmana en Canadá también tenía sus dificultades. Había poca representación en la televisión, en los libros y en las películas. Ella no veía a nadie que se pareciera a ella en la cultura popular y, como muchos adolescentes, quería integrarse. Esa confianza en su identidad no surgió hasta mucho tiempo después, en sus años treinta. “Estoy feliz de considerarme alguien que floreció tarde”, ella dice.

La abuela que inspiró Si hubiera una persona que definiera lo que la Dra. Smith quería ser de niña, sería su abuela. Fue médica y profesora en la escuela de medicina en Myanmar. Fue una de las dos mujeres del ámbito. Sus estudiantes la respetaban no solo por ser inteligente y una profesora excepcional, sino también por ser amable. Los médicos a quienes ella enseñaba regresaban para darle las gracias; cuando ellos no podían pagar la universidad, ella les dio becas y dinero a fin de que pudieran estudiar. Décadas después, la Dra. Smith encontraría ese mismo llamado en las aulas de Andover. Entonces, durante muchos años, la Dra. Smith quería ser médica, como su abuela. Su familia entera esperaba que ella se convirtiera en médica. Su papá era médico y también había muchos familiares en ambos lados de la familia. Pero la vida tenía otros planes.

De la ciencia a la historia En la universidad, la Dra. Smith se matriculó en la licenciatura en ciencias, siguiendo el camino de su familia. Pero después de dos años, tomó una decisión que fue una conmoción para su familia: cambió sus estudios de ciencia por los de historia. Para una familia asiática tradicional que ha invertido mucho en su educación, esto fue algo imperdonable a los ojos de su familia. “Ellos reaccionaron de cierta manera”, ella dijo. “Pero yo no podía estar en un camino que no fuera mío”. Fueron sus tres amigas de la universidad (sus damas de honor) quienes le dieron el valor para decepcionar a sus padres. Esas amistades, ahora mantenidas a distancia con tarjetas de Navidad y mensajes ocasionales, la moldearon permanentemente.

Ya que le encantaba estudiar, continuó con sus estudios en la escuela de posgrado. Fue allí donde encontró algo nuevo: una pasión por las ciencias sociales y la historia. Pero también encontró algo más difícil: el fracaso. “[La escuela de posgrado] probablemente fue la cosa más difícil que yo hice y fue así porque no era suficiente con solo ser inteligente. Tú realmente necesitabas crear inteligencia”, ella dijo. Ella se sintió perdida, fuera de su elemento e inadecuada. Pero ella no se rindió. Y cuando fue el día de la defensa de su doctorado, sus colegas la trataban igual. La gente le dijo que amaba su trabajo. “Hizo que esos sentimientos valieran la pena”, ella dijo.

Myanmar: El dolor del exilio Su investigación se enfocó en las comunidades desplazadas en el sudeste asiático, particularmente en Myanmar, el país donde ella nació y siempre amó. No puede regresar, dado que ha criticado las políticas represivas del gobierno birmano en su trabajo. “La cosa más difícil es saber que no puedo regresar hasta que sea mucho más vieja”, ella dijo en voz baja. “Cuando ese tiempo llegue, gran parte de mi familia va a estar muerta…No quiero regresar a Burma si solo hay desconocidos”. Ese es el costo de escribir la verdad.

La época mejor Hoy en día, la Dra. Smith vive en Estados Unidos con su esposo y sus dos niños. Dejó atrás Canadá y reconstruyó todo en los Estados Unidos. Y ahora está rodeada de colegas y estudiantes a quienes cuida y dice que esta es la mejor época de su vida. “Si tú me hubieras preguntado hace cinco años, no habría podido imaginar que estaría aquí”. Hay una cosa más de la que ella está orgullosa, algo que la mayoría de la gente no sabe: ella entrena hockey JV. Su mamá la matriculó en clases de esquí cuando era niña, un sacrificio para una familia inmigrante. Ella no persistió. Tenía miedo y dejó que el miedo la frenara. Pero ahora, sobre el hielo de Andover, sigue mejorando cada temporada. “Yo le dije a mi mamá esto: gracias por esas primeras lecciones. Porque más adelante en la vida, sigo practicándolo”. Eso, tal vez, es lo que mejor define a la Dra. Smith: una mujer que sigue adelante. Que floreció tarde, cometió errores, tomó desvíos y llegó exactamente al lugar donde debía estar.